Gusutavo Shiguetoshi Kishimoto

2006

Al postular a la beca de Nippon Zaidan, tenía la seguridad de que aprendería las asombrosas técnicas endoscópicas japonesas, pues felizmente mis profesores podrían explicarme en inglés todo cuanto preguntaba. Sin embargo, ya desde mi rotación como kenshusei, pude percatarme que existían cosas que ellos no saben cómo explicarlas o no querían darse a entender.

En Japón aprendí, que si uno no habla japonés, es tratado como un común "gaijin" ignorante más. Y por lo tanto, ¿para qué esforzarse a enseñr más de lo debido? Grata fue mi sorpresa, cuando percibí la manera en que me recibieron mis profesores esta segunda vez, después de seguir un año de japonés en el SNG. Ahora siento que he ganado la confianza de mis profesores y me siento que no sólo me enseñan lo superficial y evidente. Sino que al ver cómo uno se esfuerza para entenderlos, ellos también ceden y se esfuerzan para hacerse entender.

Sé que después de un año de japonês no ha bastado. Por diversos motivos, no he cumplido en alcanzar el nivel que esperaba. Dado que probablemente tendré que esperar un largo tiempo para que el Ministerio de Justicia apruebe la licencia médica especial para realizar exámenes endoscópicos, me abocaré a estudiar con mayor ahínco los téfminos médicos y mejorar sustancialmente mi nivel de japonés. Pues es un reto personal terminar la beca con un japonés fluido.

Un segundo punto gravitante que aprendí durante este año, es la importancia de la identidad personal. Pues a lo largo del año, conocí muchos casos de chinos y coreanos, que por su alto nivel de japonés, se hacen pasar por japoneses. Hasta inclusive, sé de muchos coreanos que han cambiado sus nombres monosilábicos a polisilábicos japoneses. Pude apreciar cómo lloraban de frustración cuando sus amigos japoneses se burlaban de ellos. Asimismo, en el hospital, ya pude escuchar comentarios donde los japoneses expresaban cuán ridículos se veían aquellos que fingían ser algo que no son. Cosa indigna de confianza, como me comentaban. Esto me explicaron cuando comprendí que existía cierta diferencia en la forma y el fondo de sus explicaciones para conmigo, a diferencia para con los "estafadores" como eran llamados. El aceptar nuestra nacionalidad es parte de aceptarse a uno mismo, con los defectos y virtudes que esto pueda acarrear. Cosa que me impulsa a seguir esforzándome para salir de la mediocridad, envidia y deslealtad de muchas personas, quienes lamentablemente, mantienen en el subdesarrollo a mi país.

Un tercer punto que quisiera destacar es el interés grupal de velar por el futuro de los jóvenes nikkei que viven en Japón actualmente. Recuerdo una fábula donde los ratones reunidos se preguntaban qué hacer con el problema del nuevo gato. Y uno de los ratones opinó, "¿por qué no escuchamos la opinión del perro?" Si seguimos dejando que personas ajenas solucionen nuestros problemas, de repente no serán las más adecuadas u oportunas. El problema de los jóenes podemos enfocarlo mejor, generacionalmente hablando, por lo que tengo mucha fe en los proyectos que se están trazando a favor de una juventud sin identidad, sin sueños ni esperanzas. En lo que a mí respecta, daré mi mejor esfuerzo para que este sueño grupal sea realidad.

Un cuarto punto, acerca de la vida cotidiana. Particularmente vivir en Rikkokaikan fue todo un reto. La primera semana fue muy difícil, pues al hallarme solo, en un lugar desconocido, me invadió una terrible nostalgia. Sin embargo, pensé que este estado deprimente era producido por el jetlag y traté de descansar para empezar mejor el nihongoschool.Después de ocupar mi tiempo con el instituto, pude entender cuánta suerte tengo. Realmente me reprendí a mí mismo, por perder el tiempo pensando tonterí as. Pues Rikkokaikan me ofrecí a lo necesario para cumplir mi objetivo, aprender japonés. La experiencia de tomar un baño en 4 min. por 100 yenes, es algo que quedará en mi memoria para siempre. Aprender a freír, hervir, y cocinar todo en una arrocera me ha permitido entender un poco de gastronomía y optimizar hoy en día, cuando cocino a gas, utilizando diversos utensilios.

La cultura ferroviaria es algo esencial en la vida en Japón. Tanto es así, que cuando empecé a buscar departamento, la primera pregunta fue, cerca de qué estación o línea de tren quería uno vivir. Empezar a conocer Tokio por los alrededores de la estación de Ekoda, me hizo ver que esta zona es muy conveniente para vivir. Así que tuve mucha suerte al percatarme que ooedoline pasaba cerca de Rikkokaikan. Pues es la misma línea de metro que tomaba anteriormente para ir al Centro Nacional del Cáncer en Tsukiji. Grata fue mi sorpresa cuando mi profesor del hospital se ofreció para acompañrme a buscar y elegir departamento. Sobretodo cuando sacó tantos billetes de 10.000 yenes para pagar el depósito, la garantía, los diversos seguros y el mes de adelanto. En Perú andar por la calle con tanto dinero seria un suicidio. Cosas como éstas me hacen reflexionar y agradecer por las oportunidades que me da la vida. Así como un sentimiento de retribución. Enfocar la vida de manera positiva, recordando las buenas experiencias y desechando las malas, me ha permitido renacer y ver el mundo con nuevos ojos.

Lamentablemente mi profesor renunció al Centro Nacional del Cáncer, pero no sin antes de dejarme en buenas manos. Mi nuevo tutor, el jefe de servicio en el departamento de endoscopia. Me ha acogido con los brazos abiertos y una excelente disposición para enseñarme todo. Gracias a Dios, me he podido adecuar rápidamente al equipo de residentes en estas 2 últimas semanas. Tengo muchos proyectos en mente para mantener esta relación y no defraudar al equipo. Creo que la solidaridad, camaradería y lealtad que me demuestran día a día es la mejor acogida que pude haber deseado.

 

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